La
Caza Sector Económico
I.
ANTECEDENTES
La Península Ibérica con su complejo relieve, su localización
entre el Atlántico y el Mediterráneo; próxima
al continente africano y parte de la Europa continental, disfruta
de un clima diverso tanto en temperaturas como en precipitaciones.
Así, se puede hablar sin lugar a dudas de una España
“seca”, una España “semiárida”
y una España “lluviosa” con una gran variedad de
hábitats naturales y también de una gran variedad de
fauna debido no sólo a la pluviometría sino también
a la diversidad de altitudes entre valles y altas
montañas.
Estas razones justifican que se pueda hablar en nuestro país
como el más importante en el conjunto de Europa en variedad
de fauna y flora en gran parte debida a su ubicación para las
aves migratorias al sur de Europa y al norte de África. Por
ello, y quizá también por razones históricas,
en este entorno natural muy completo y variado, la práctica
de la actividad cinegética ha tenido desde hace siglos una
muy amplia acep-tación, llegando a integrarse en nuestra propia
historia, en nuestra cultura y en nuestras tradi-ciones.
En estos momentos, a principios del siglo XXI, el incremento de ciertos
hábitos de consumo y el predominio de asentamientos urbanos
sobre asentamientos rurales puede entenderse que ha contribuido también
muy decididamente a estructurar una amplia demanda de la actividad
cine-gética. Obsérvese que según algunas publicaciones,
en 1998 los Miembros de la Federación Española de Caza
superaban los 320.000, alcanzando en 1999 una cifra superior a las
440.000 personas. Asimismo, debemos tener en cuenta que el número
de licencias de caza en España en 1998 superaba el 1.153.000
y los titulares de licencias de armas (escopetas) superaba el millón.
Así, con estos datos podemos afirmar sin lugar a dudas que
la demanda a la que antes hemos hecho referencia es potente y creciente
en nuestra sociedad.
II. PERSPECTIVAS DE FUTURO
La dinámica desarrollada en la utilización de recursos
productivos en el medio rural; evolución de técnicas
de explotación agraria, variación de cultivos –condicionado
en parte por la Política Agraria Común– ha dado
lugar en los últimos años al abandono de 32 millones
de hectáreas en nuestro país.
Desde el punto de vista económico es evidente que mantener
tan importante superficie de nuestra geografía sin actividad
tiene al menos un elevado coste de oportunidad, no sólo por
lo que significa la disminución de su valor como activo material
sino también por los perjuicios que genera como consecuencia
de la pérdida de renta. Este comportamiento de la actividad
agraria ha significado un incremento de determinadas especies de mamíferos
cazables en detrimento de otras especies –fundamentalmente aves–,
que han visto cómo las alteraciones de su hábitat han
perjudicado notablemente el desarrollo de las poblaciones.
Esta realidad del sector económico agrario ha tenido efectos
indudablemente no positivos sobre el entorno natural e incide en la
distribución de la población en el medio rural, con
el consiguiente resultado de abandono de población y lesión
a la conservación del entorno.
A pesar de ello según Eurostat, en España la población
cuya subsistencia está vinculada a la agricultura, la caza
y la pesca puede estar en torno al millón de personas con una
renta que en los últimos años ha crecido muy notablemente
y cuya tasa de paro también ha ido mejorando, si bien se encontraba
en 1999 por encima de la media del país.
Todo este panorama, como ya hemos mencionado anteriormente, está
influenciado y se sustenta en gran medida por la Política Agraria
de la Unión Europea, que no solamente establece limitaciones
de producción y protege mercados de la Unión, sino que
también utiliza como instrumento para su desarrollo líneas
de financiación para determinados cometidos. La Unión
Europea en estos momentos con apoyo de sus miembros, entre ellos España,
está inmersa en un proceso de ampliación que indudablemente
repercutirá sobre la Política Agraria Común.
Si bien es de todos conocida la posición de España en
relación con el mantenimiento de los distintos fondos que Europa
dispensa en beneficio de las regiones menos favorecidas, la ampliación
puede indudablemente influir en la rentabilidad de muchas explotaciones
agrícolas españolas, por la redistribución de
las ayudas.
Tras la Cumbre de Presidentes de la Unión celebrada en Bruselas
a finales de octubre de 2002, la incorporación a la Unión
de diez nuevos países obliga a asumir un compromiso por parte
de los actuales socios de no incrementar los gastos en la política
agraria en el período 2006-2013, lo que indudablemente permite
un horizonte despejado en este período en relación con
las ayudas agrícolas y la previsión en su momento de
la distribución de los fondos estructurales a partir de 2007.
Esta dinámica lógica en el contexto de la ampliación
de la Unión Europea obliga o pudiera obligar a una adaptación
de la economía del mundo rural. De confirmarse este planteamiento
se puede suponer que en algún caso se pueda perjudicar el umbral
de rentabilidad de determinadas explotaciones agrarias y puede resultar
de interés buscar actividades alternativas en el medio rural
que evitarán el abandono de tierras, flujos migratorios hacia
las grandes ciudades en busca de empleo y perjudicarían la
conservación del medio natural español, que se vería
afectado por la despoblación.
III. LAS NECESIDADES DE ESTUDIO
Las características de la práctica cinegética,
por diversos factores, implica una importante dinamización
de distintos subsectores económicos por su interrelación
a través de la demanda de productos de distintos orígenes.
Cazar hace necesario disponer de amplia estructura o equipos, disposición
de jornadas de pernocta y desplazamiento de mucha mano de obra tanto
para el ejercicio de la propia jornada cinegética como en la
fase previa de preparación y en la fase posterior de transformación
de lo que ha sido objeto la caza.
En estas condiciones podemos afirmar sin lugar a dudas que esta dinámica
genera de forma directa e indirecta un importante caudal de riqueza
en el conjunto de nuestra economía y un importante número
de empleo. Entre algunos de los sectores que aportan directamente
rentas y empleo podemos reseñar los si-guientes:
* Granjas cinegéticas.
* Piensos y otros productos.
* Jornadas en medio rural (guardería).
* Rehalas.
* Criaderos de perros de caza.
* Armería, municiones, tiendas de deporte.
* Orgánicas.
* Licencias, seguros.
* Guarniciones, cuero.
* Taxidermistas.
* Veterinarios.
* Comercialización de productos cinegéticos.
* Publicaciones (libros, revistas, medios de comunicación varios).
* Técnicos-gestores de explotaciones cinegéticas.
* Gestorías.
Precisamente por algunos de los factores que se han comentado anteriormente,
la práctica cinegética genera actividad en otros sectores
en los que se tiene que apoyar el consumidor. Entre estos sectores
pueden reseñarse:
* Hoteles-restaurantes.
* Agencias de viajes.
* Sector energía.
* Elemento transporte.
* Inversiones en medio rural, conservación de espacios.
* Viveros forestales, tratamiento entorno.
Las estimaciones que hasta el momento se conocen tanto de renta generada
como de empleo dependiente de la caza adquieren una valoración
muy considerable. Por todo ello parecería necesario intentar
aproximar con el mayor grado de fiabilidad posible la aportación
real de esta actividad al PIB y a la creación de empleo.
Si de una forma fiable se pudiera demostrar que en efecto esta actividad
puede considerarse como generadora de renta estaríamos en condiciones
de trabajar por su conveniente estructuración con todo lo que
puede significar para su desarrollo futuro.
Si a esta realidad como sector económico potente se añade
que la actividad cinegética contribuye decididamente a la conservación
del hábitat natural, y al adecuado nivel de población
de especies cazables que conlleva el equilibrio y la existencia de
especies no cazables de gran valor zootéc-nico, se puede sostener
que la caza también aporta un importante valor añadido
medioambiental
que bajo ningún concepto se puede desdeñar.
Desde el punto de vista de estructura poblacional y también
de consagrarse esta actividad como sector económico estaríamos
en condiciones de ofrecer oportunidades de desarrollo a través
del empleo en amplias zonas de España que de lo contrario podrían
quedar despobladas.
A estas razones habría que añadir una última
y que coincide con lo que es hoy la filosofía que inspira la
actuación de la Secretaría General de Turismo que pretende
de una vez por todas contribuir a ofrecer una variedad del producto
turístico español.
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