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Jos-luis-Garrido-1g"Nos observa la naturaleza y la conciencia"

José Luis Garrido director general de la Fundación para la Defensa y el Estudio de la Naturaleza y de la Caza.

RICARDO FERNÁNDEZ para LA VERDAD

«Los cazadores somos pastores de especies silvestres; ponemos donde no hay y quitamos donde existe sobrepoblación»

MURCIA. Cazador por pasión y por convicción, José Luis Garrido dirige la Fundación para la Defensa y el Estudio de la Naturaleza y de la Caza (Fedenca), una institución fundada en 1990 con el objetivo de impulsar investigaciones y estu­dios científicos que permitan ga­rantizar la conservación de los es­pacios naturales, de las especies ci­negéticas y de las que viven alre­dedor de ellas. Como todo buen afi­cionado a la caza, desprecia a quie­nes con su comportamiento grosero e irrespetuoso causan un daño in­justificable a la naturaleza y con quienes no demuestran hacia los animales el respeto que, incluso después de muertos, merecen.

–¿Cuál es exactamente el come­tido de Fedenca?

–Hacemos estudios no solo sobre las especies cinegéticas, sino tam­bién sobre todas aquéllas que están a su alrededor, con el fin de poder tomar decisiones sobre las mismas con una base científica. Queremos conocer con rigor cuál es la situa­ción de estas especies y poder situar los semáforos rojos, los límites, los corta‑fuegos, para no ponerlas en peligro y garantizar su supervivencia.

–¿No cree que, pese a estos esfuerzos, la figura del cazador sigue estando todavía muy denos­tada en algunos ámbitos?

–Hay una parte de la sociedad que no nos respeta, quizás la más vinculada a un ecologismo muy radical, pues no entiende o no quiere entender que somos imprescindibles para garantizar elequilibrio en la naturaleza. Nosotros, desde Fedenca, trabajamos para que las decisiones que se tomen desde la Administración sean con una base científica. Si se está analizando en qué periodo se puede cazar la per­diz con reclamo, pues hacemos un estudio sobre la fenología de esta especie para conocer su ciclo reproductor. Vemos en qué momento ponen las perdices sus primeros huevos y a partir de ahí quitamos 40 días para saber cuándo empieza el celo, según los criterios del comité Ornix. O uti­lizamos el ‘método Calderón’, que consiste en la observación de las alas de perdices jóvenes, de menos de 140 días, y así, con un margen de error de uno o dos días, sa­bemos en qué momento han nacido. Es algo que ya estamos haciendo en Andalucía y que he propuesto a la Ad­ministración regional que también se haga en Murcia. Del mismo modo, estamos estudiando la fenología de la tórtola y las entradas desde África por Gibraltar, por los mismos moti­vos. También vamos a instalar pun­tos de observación en el campo de Cartagena y Pilar de la Horadada. Bus­camos una caza responsable y no

hacer nada que contra vengalas leyes y, sobretodo, que contra-venga nuestra conciencia.

–¿Cuá es la situación de otras es­pecies cinegéticas?

–Con la codorniz no hay el menor problema, ni tampoco con la tor­caz, que está en pleno auge.

–Y del conejo, ni hablamos...

–Ni hablamos, porque está produ­ciendo cantidad de daños. Pero tam­bién hay territorios donde ha habi­do conejo y ahora apenas se ve, como Galicia, Cantabria, Asturias, País Vasco...; allí no se mata ni un conejo. Estamos intentando sacar una vacuna para proteger el co­nejo en determinadas zo­nas, pero no está resultan­do eficaz.

–También con el jaba­lí hay problemas en algunas zonas por su so­bre-población.

–Si. El jabalí pre­senta cuatro pro­blemas. Uno, que es una especie preda­dora y por eso donde hay mucho jabalí ape­nas se dan otras espe­cies, como la perdiz o el conejo. Dos, que transmite enferme­dades como la peste porci­na, con lo cual podría llegar a convertirse en un problema grave para la cabaña por­cina española. Tres, que causan mu­chos accidentes de tráfico todos los años en las provincias con mayor masa forestal. Tampoco Murcia está libre de eso. Y cuatro, que están pro­vocando importantes daños en la agricultura. Por todo eso hay que regular su población y por eso siem­pre he mantenido que si los caza­dores no existiéramos, y encima pagando por disfrutar de nuestra afición, habría que inventarlos.

–¿Qué pasaría si hubiera una huel­ga de ‘escopetas caídas’, aunque fuera solo durante dos años?

–Se lo voy a decir con datos. En los últimos diez años se han capturado 50 millones de conejos en España, un millón y medio de jabalíes... ¿Se hace una idea de lo que habría pa­sado en estos diez años si todos es­tos ejemplares, más todos los que quedan, se hubieran estado repro­duciendo? La agricultura habría te­nido que echar la persiana en mu­chos lugares.

–Parece que, en la sociedad actual, hay cada vez más gente que pre­tende olvidarse de que el hombre, desde hace decenas de miles de años, es un superdepredador y que, si deja de cazar, la naturale­za se descontrola.

jose-luis-garrido-3–Es evidente que ocurre así. En la actualidad se han cambiado además las condiciones naturales y, aunque es verdad que la naturaleza tiene sus herramientas para autorregu­larse, muchos depredadores, como el lobo en España, no tienen ya ca­pacidad de reducir las poblaciones de otras especies, como el jabalí. Además, con las autovías y las líneas férreas se han creado zonas de ais­lamiento, en las que existe una gran endogamia y las enfermedades se transmiten entre los animales de forma espectacular.A partir de todo eso, el hombre tiene que intervenir para garantizar el equilibrio. Los cazadores estamos actuando como ganade­ros de las espe­cies silvestres: creamos caza donde hay que crearla, repo­blando perdices don­de están desaparecien­do por causas como la agri­cultura intensiva, y reduc­ciéndola donde existe un exceso. Pero hay que ser justos y admitir que tam­bién en el colectivo de cazadores está el bestia al que la Administra­ción le ha dado una escopeta, que si se la tuviéramos que dar los cazadores no se la daríamos nunca. Pero como ha pasado un test psicotécnico... Pues mire, no. Ser cazador es mu­cho más que pasar un examen psi­cotécnico, porque esa gente está manchando a todo el colectivo. –Ser cazador, está diciendo, es también una cuestión moral. –Ortega y Gasset decía que en todo cazador se da un grado de intranqui­lidad moral cada vez que haces un disparo y ves que has abatido al bru­to irracional. Cuando ves a un ani­mal al que le has arrebatado la vida, y era terciopelo en la naturaleza, de­cía, sientes lógicamente un quiebro en tu conciencia. Por eso la caza tie­ne un componente moral y, citan­do a Ortega y Gasset, es del mayor gálibo, de la mayor dimensión. El cazador solo actúa en la naturaleza en presencia de Dios, como quiera que cada cual se lo imagine, de su perro y de su conciencia. Lo obser­va la naturaleza y su conciencia. –El buen cazador siempre se con­mueve ante la muerte de una pie­za y siente respeto por ella.

–Cada vez que abato una perdiz y noto que aún se estremece en mi mano siento un cierto malestar. Es inevitable. Guardo una foto de una niña, que había participado en un ojeo con su padre; ella había logra­do abatir una perdiz. La tenía en sus manos y no dejaba de acariciarla y de decirle: «Bonita, bonita». Creo que eso define el respeto que se debe tener por el animal cobrado. Cuan­do yo capturo una perdiz, me gus­ta llevarla bien colgada, atusada... Por eso critico que en algunas com­peticiones los participantes se echen las piezas al morral o al chaleco he­chas un gurullo. Eso es una falta de respeto hacia esos animales.

–La inmensa mayoría de las perso­nas son onmívoras, carnívoras por lo tanto, y pese a ello son muchos quienes se echan las manos a la ca­beza pensando que hay personas que cazan animales. Como si los que ellos se comen cada día surgie­ran de la nada ya cocinados y per­fectamente envasados. ¿No hay en todo esto bastante hipocresía? –Yo estuve una vez en un matade­ro de pollos. Recuerdo cómo los ponian en una cinta, cabeza abajo, y un señor les iba cortando el cue­llo según iban pasando. Zas, zas, zas. Mataba miles de pollos al día. A la gente le gusta mucho el lecha­zo (sonríe), pero nadie se plantea cómo lo han matado. Y les gusta el centollo, pero no quieren saber que para que esté bueno hay que irlo co­ciendo vivo a fuego lento. Yo asis­tí una vez a un encuentro entre ca­zadores, representantes de la Ad­ministración y ecologistas, y pusi­mos perdices para comer.

 

Actualizado (Lunes, 02 de Abril de 2012 10:38)